martes 27 de mayo de 2008

Ante la vida, sereno

Qué tío más duro.

Ante la vida sereno

Ante la vida, sereno
y ante la muerte, mayor;
si me matan, bueno:
si vivo, mejor.

No soy la flor del centeno
que tiembla al viento menor.
Si me matan bueno:
si vivo, mejor.

Aquí estoy, vivo y moreno,
de mi estirpe defensor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.

Ni al relámpago ni al trueno
puedo tenerles temor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.

Traidores me echan veneno
y yo les echo valor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.

El corazón traigo lleno
de un alegre resplandor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor

Igual ya he hablado aquí de esta poesía, no me acuerdo. De lo que estoy seguro es de haber hablado de este poeta, Miguel Hernández.

Más que nada porque me parece la releche. Un fulano de un pueblo que empieza a escribir y que, fiel a su credo, lucha como los buenos en una guerra en la que había que hacerlo. Un tipo que es fiel a sus ideas, fiel a sus versos, hasta el final. Que no vuelve a una España que le dice "qué bueno lo tuyo"(algo que sí hizo ese Alberti repolludo que se limitó durante la contienda a declamar versitos de chichinabo calzado con botas altas frente a milicianos en alpargatas) . Hernández no vuelve porque nunca pudo irse y sobre todo porque fue leal a lo que escribía, y porque tanto en la vida como en la muerte Miguel Hernández tiene los huevos cuadraos, el verso sencillo y desgarrador, y la integridad superlativa que sólo pueden tener aquellos que viven creyéndose cada maldito segundo.

Y que saben, frente a todos los albertis de este mundo, que ser, digan lo que digan los griegos, no es igual que parecer. Para ser hay que creer, pelear y cumplir con las reglas que cada cual se autoimpone.

Hecho en falta más homenajes a Hernández. Y me sobran culturetas en una España que sólo tiene ojos para los intelectualoides de salón.

Etiquetas:

viernes 23 de mayo de 2008

Venganza

Acabo de pillarme El caballero Héctor de Sainte-Hermine, un libro de Dumas que andaba por ahí perdido, que encima está inacabado y que acaban de publicar hace poco en español.


Tenía unas ganas tremendas de comprarlo, aunque antes de empaparme con las aventuras del noble francés tengo que solventar otra cuenta pendiente, Vida de este capitán Alonso de Contreras.

En cuanto al libro de Dumas, narra la venganza que lleva a cabo el protagonista en una Francia napoleónica en la que se topará con el "puro" Chateubriand, el cabrón de Tayllerand, la ramera de Josefina y el ya mítico duque d'Enghien. Vamos, que tiene todos los ingredientes para ser un pedazo de folletín de aventuras, sobre todo porque incluye persecuciones, duelos e incluso batallas de las buenas (Trafalgar y cara a cara con Nelson incluidos en la cuenta).

El caso es que este libro (y la banda sonora de Gladiator, jeje) ha conseguido que lleve toda la mañana dándole vueltas a por qué el ser humano se siente por lo general tan atraído por la idea de venganza. Por qué nos gustan tanto esas historias, como aquella en la que Scaramouche persigue al asesino de su mejor amigo equipándose para la ejecución de su soberana misión con múltiples cualidades; o la de Russell Crowe diciendo aquello de "mi nombre es Maximo Decimo Meridio, comandante de los ejercitos del norte, general de la legiones de Felix, fiel servidor del verdadero emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una mujer asesinada. Y tendré mi venganza, en esta vida o en la otra"; o incluso la de Mordaunt, que tiene el privilegio de ser el hijo de una Mujer con mayúsculas, tratando de acuchillar a los mosqueteros en Veinte años después con un comprensivo Athos como telón de fondo; y ya puestos, la venganza por antonomasia, Edmundo Dantés contando con los dedos las cabezas de Danglars, Villefort y Fernando. Rico, culto y letal como ningún vengador lo fue jamás.

Pues eso, que no dejo de darle vueltas al asunto. Y que quizás la venganza tiene que ver con un innato sentido animal de simetría o de justicia. O es simplemente una respuesta pasional a crímenes que quedan impunes. No sé.

Lo que tengo claro, y recupero un debate de hace unos días en este mismo blog, es que yo sí me vengaría si llega el caso.

Espero comentarios políticamente correctos a mi sobrada de individuo pasional, jeje.

Etiquetas: , ,

jueves 22 de mayo de 2008

Qué ciudad

Qué ciudad, Madrid. Creo que en ningún otro sitio se siente uno tan vivo durmiendo poco, recorriendo largas distancias y conviviendo con miles de personas.

Es agradable, por ejemplo, volver por la noche del curro y encontrarse a los de la limpieza barriendo las aceras de tu barrio con mangeras de agua a presión, y olfatear esa humedad malsana mezclada con toda la mierda que cubre la ciudad.

También es agradable levantarse un domingo por la mañana e ir a visitar a la librera feúcha de enfrente para comprarle el periódico, y dedicarle una sonrisa clásica con muchas segundas lecturas. O acercarte al centro y gastarte (por fin) una pasta gansa en varios libros que tenías en el punto de mira desde hacía siglos.

Quizás también influye en mi cariño a esta ciudad mi ascenso a la clase media (creo), que curro con gente estupenda (y por tanto se me ha quitado el miedo de los orígenes de todo) y en especial con el señor Paniagua (ese hombre taaaaan guapo al que cito en exclusiva para que no se me cabree y con el que como digo también trabajo [la preposición "con" tiene pinta de ser coyuntural e intercambiable por otra, ;)]).

Pues eso, que esta ciudad es la releche y que me alegro de haber vuelto hace ya bastantes meses. No sé a qué viene todo esto pero aquí queda.

Está.

Etiquetas:

lunes 19 de mayo de 2008

Qué poquito

Quedan apenas unos días y estoy hecho un manojo de nervios. Por lo que puede apreciarse en La Sexta Noticias (publicidad encubierta del trabajo al que me incorporo en unas horas) la cuarta película de Indiana Jones va a merecer mucho la pena, aunque me es inevitable mantener la tensión tras tantos años sin un Indy repartiendo a diestro y siniestro.

Mientras tanto, Celestina se empapa de la trilogía original esperando que llegue el momento de ir a ver una película que espero compartir con Mr Blogazo, Estimado Val, JFK y el camarada Threepwood entre otros.

Sin embargo, el miedo invade mi corazón... ¿Cumplirá las expectativas? ¿Será una cagada como las nuevas de Star Wars? ¿Renunciaré al periodismo y desearé convertirme en un arqueólogo durísimo? Todas estas preguntas tendrán respuesta muy pronto.

¡Prepara las cerillas por si acaso María!

Etiquetas:

sábado 17 de mayo de 2008

La desaparición de Jack Vasile

El Gran Jefe llevaba una semana sin ver al mejor de sus hombres, Jack Vasile, al que había dado unos días de vacaciones después de un turbio trabajo en el que se vieron implicadas las tripas de un policía fisgón.


Vasile había cumplido con la profesionalidad que lo caracterizaba y, después de que Tony Vitella desembolsase una buena cantidad de dólares y expidiese un permiso verbal, dedicó su tiempo de ocio a encamarse con su ramera, beberse una whiskería recién surtida y jugarse a las cartas hasta el último de sus billetes.

Era el comportamiento habitual del brazo ejecutor de Vitella. El profesional frío y concienzudo que ejecutaba los más finos y peligrosos trabajos se daba a excesos orgiásticos de todo tipo cuando no estaba de servicio.

Habría podido seguir así durante un mes entero, pero las vacaciones se le agotaron en cuanto un adversario de poca importancia pero sumamente molesto se cruzó en el camino del Gran Jefe. Una cosa llevó a la otra y Tony Vitella se encontró requiriendo a Vasile a voz en grito con el fin de ordenarle que pusiera fin a sus molestias.

Los hombres de Vitella se echaron a la calle, echaron abajo la puerta de Vasile, visitaron a su madre, hablaron con su confesor e incluso interrogaron a los tahúres más distinguidos de Wolf City. Pero no hallaron rastro de Vasile.

Quién sabe si por desidia o discrección dejaron a la chica de Vasile para lo último. Los hombres del Gran Jefe se dirgieron al motel de mala muerte donde se hospedaba la chica, aporrearon la maltrecha puerta, destrozaron la cerradura y, finalmente, entraron en una habitación de la que les echó un fuerte olor a carne putrefacta.

Sobre la cama, en pedacitos muy pequeños, estaban lo que creían había sido la chica con la que se encamaba el desaparecido Vasile.

Al momento llamaron al Gran Jefe, que ordenó que se hiciera desaparecer el cadáver después de que él lo hubiera examinado y se hubiese cerciorado de que aquella masa de músculos, grasa y sangre no guardaba ningún miembro del desaparecido Vasile.

Después el Gran Jefe volvió a su cómodo sillón de cuero, descolgó el teléfono y marcó el número de Patrick O'Cannighan quien, a su juicio, era uno de los pocos chicos listos que vagabundeaban por las calles de la ciudad.

Etiquetas:

martes 13 de mayo de 2008

Noche de sangre

Un hombre se desliza entre las sombras. Oyes el rumor de sus pasos, el tintineo de las armas que oculta bajo las ropas, el viento frío de la noche estrellándose contra su rostro audaz.

Hueles su sangre. Es un olor agridulce, de hombre valiente. Deja un rastro inconfundible en los adoquines que cubren la calle y se expande por la atmósfera, invadiendo tus pulmones.

Permaneces escondida, esperando el momento de saltar sobre una presa que ahora sabes que no es tal. Esperas que no sea demasiado tarde para haberte dado cuenta de ello. Quizás hubiera sido mejor decantarse por el otro chico, aquel que bailaba alucinado bajo el efecto de las pastillas.

Pero no. Sabes que no lo habrías hecho. Nunca te gustaron los makokis engominados ni los duros de salón. Error de juventud es elegir su sangre teniendo a mano el sabor peculiar e inconfundible de los hombres valientes que beben tranquilos. O de aquellos que miran el mundo con media sonrisa atravesada, esperando la próxima puñalada con engañoso estoicismo.

Esta noche has elegido al hombre valiente que bebía tranquilo. Te recibió también con esa media sonrisa engañosamente estoica y tu instinto te alertó un momento, brevemente. Había algo que no encajaba en el cuadro. Tú acercándote a aquel hombre y él respondiendo a los calculados estímulos con excesiva tranquilidad. Con anhelo controlado. La pasión que sin duda guardaba en su alma encajonada en la firmeza de un pecho que deseabas abrazar fuerte antes de mandarlo al Infierno.

Y luego el beso, y el hombre rebelándose y acuchillando. Errando el golpe y persiguiéndote a través de las sombras, silencioso como un lobo astuto. Y aquí estás, aguardándole. Quieres beber su sangre y quebrar su cuello, y tus ojos se encienden con la furia de la venganza, con el fuego del orgullo herido.

Eres muy hermosa, ningún mortal se te ha resistido jamás. Sólo éste, que incluso plantó cara al último beso de su vida con repugnante firmeza. Tienes que salir de tu escondite y arrojarte a su yugular, quebrar sus arterias y engullir con rabia hasta que la vida lo abandone.

Basta un susurro de tus cabellos para que el cazador se lance sobre ti y te corte el cuello mientras te clava una daga en el corazón. Es tu vida la que desaparece con un profundo chillido que produce tu mente vacía cuando, al final de todas las cosas, comprendes que el hombre es un cazador de sombras. Enemigos ancestrales de tu raza. La plaga contra la que se han levantado los tuyos.

¡Hijos de Caín! No permitáis que las reses escapen. No dejéis vuestras vidas en manos de los sueños de los hombres justos. ¡Uníos a la nueva partida de Vampiro, La Mascarada! ¡Vengad a vuestros hermanos muertos!


P.D.:PUES ESO XDDDD. QUE EN BREVE COMENZAMOS LA PARTIDA DE VAMPIRO. TENEMOS UN GRUPILLO MAJO PERO AÚN SE ACEPTAN INCORPORACIONES. CONSULTAS EN ESTE ESPACIO PUBLICITARIO.

Etiquetas: ,

domingo 11 de mayo de 2008

De cómo Cayo encaró su destino

A Cayo le gustaba beber buen vino y acostarse con chicas guapas.


Su familia llevaba afincada a los pies de la sierra desde siglos atrás, cuando sus antepasados habían bajado del norte para combatir en una frontera difusa donde moros y cristianos intercambiaban tajos y mujeres, hasta que las sangres se mezclaron produciendo hombres como Cayo: sólidos y embaucadores al mismo tiempo.

Durante siglos su familia se había dedicado a destripar enemigos y terrones, que al final viene a ser lo mismo, hasta que un día salió la buena y Cayo empezó a fumar habanos de los buenos y a vivir de las rentas de sus tierras, que no se sabe bien si habían llegado a él por herencia, juego sucio o trabajo honrado. O por una combinación de todo lo anterior.

Pero pese a ser un hombre poderoso, Cayo no pecaba de burgués atontado por el oro. Más bien todo lo contrario. Guardaba armas en casa y sabía usarlas. Asaltaba casas de mujeres ajenas fiándose en su destreza, y no en el poder de sus criados. Visitaba sus tierras para controlar a su gente, pero trabajaba como los buenos cuando se daba el caso.

También sabía vivir bien, que para él consistía en alimentarse a lo grande y tener el catre caliente cada noche. Además gozaba de cierto toque carismático, que implicaba el que muchos hombres estuvieran dispuesto a seguirle al Infierno y el que unos pocos lo temiesen más que a un demonio.

Ese carisma a veces iba acompañado del don de buen conversador cuando cargaba tinto de más. Y un día, pese a ser hombre discreto que fue enterrado con muchos secretos, se fue de la lengua y habló de cierto negocio que tenía en un pueblo de la sierra y de cómo, fiel a su consigna de ejecutar con su propia mano las misiones de mayor importancia, pensaba subir una semana más tarde por la vieja calzada con la sola compañía de una mula cargada de oro.

Tras escuchar esta arriesgada confesión, una sombra de inteligencia pasó por el rostro de dos hombres que compartían jarra de vino y jarana con Cayo, y éste supo que le iban a matar.

Por eso la noche previa a su partida se echó al coleto una botella de su mejor vino, le hizo el amor a su mujer y cebó a conciencia dos pistolas a las que acompañó de una navaja de a palmo. Y al alba, completamente solo y con aire seguro, partió con la mula cargada de oro hacia una emboscada que sabía segura.

Poco antes de llegar al antiguo portazgo dos hombres le salieron al paso y, sin mediar palabra, lo encañonaron con la firme resolución de darle rápida muerte.

El primer pistoletazo pasó de largo y el segundo no llegó a salir, pues Cayo descargó sus dos pistolas sobre el que aún no había disparado, destrozándole el cráneo. Después echó mano a la navaja y entabló un cuerpo a cuerpo con el que quedaba, destripándolo en menos tiempo del que se tarda en contarlo.

Un par de días más tarde, concluido el negocio, Cayo regresó a su pueblo. Andaba la gente alborotada porque habían desaparecido un par de vecinos, afirmando algunos que habían marchado a Cuba en busca de fortuna y otros que se habían alistado en un ejército de bandoleros que hacía de las suyas por aquellas tierras.

Muchos años más tarde, dilapidada gran parte de su fortuna e iniciada la lenta decadencia de sus tierras, Cayo murió cristianamente. Relató antes de expirar cómo se había deshecho de los cadáveres de aquellos que habían osado cruzarse en su camino arrojándolos a un precipicio inaccesible. Este pecado fue escuchado como una nota simpática por familiares y amigos dentro de la larga lista que relató aquel hombre.

No era para menos, teniendo en cuenta que dicha lista incluía múltiples adulterios, una veintena de peleas, la resolución violenta de turbios negocios y la blasfemia sistemática contra un mundo hostil al que se había enfrentado con valentía y muy mala leche.

Etiquetas: ,

sábado 10 de mayo de 2008

No intentes comprender

Sigue, no mires atrás. Qué importa ya todo. Éste es un mundo hostil, lo sabes desde el día de tu nacimiento y resulta bastante absurdo que ahora ese algo chocante te paralice.

Avanza, con tiento, si fuera necesario, veloz, si el fuerte viento frena tu espada. Pero no trates de dilucidar las claves ocultas de tu universo. No lo hagas pese a que lo hayas hecho siempre. O pese a que lo has intentado siempre, naturalmente. Establecer una serie de reglas concluyentes que pongan el mundo en el sitio que le corresponde. Y a ti dentro de ese mundo.

Reglas. A lo largo de tu existencia las has fraguado a base de barro y metralla. Humo y fuego. Sudor y sangre. Lágrimas y risas. Gloria y orgullo muerto. Te sirven para moverte en ese mundo hostil del que te hablaba antes. Ése que bien conoces porque es el tuyo, en el que te mueves con la seguridad de un lobo fuerte y astuto. Lacedemonio e itacense a un tiempo. Bien sabes de qué hablo. Tú, que llevas tatuado en el brazo la esencia de aquello que conforma tu ser.

De poco te sirvió ante aquel hombre muerto, es cierto. Hay cosas que no dejan de resultar chocantes. Episodios que perturban tu alma, nublan tu mente y frenan tu ímpetu. Quizás por eso ahora yaces aquí, arrastrando esa amargura cruel por rocas negras, recuperándote de heridas profundas que han frenado tu carrera. Pero no tu vida.

No dejes que lo chocante la frene nunca. Pese a tu interés por conocer el funcionamiento último de todas las cosas deja a un lado la lucidez ante lo chocante. Guíate exclusivamente por las pasiones que forman parte de tu ideario.

No intentes comprender.

Etiquetas:

miércoles 7 de mayo de 2008

Y ahora allá coletilla

Los guionistas de Hollywood se han quedado sin ideas hace siglos. Al menos los que se encargan de las películas de gran presupuesto y taquilla millonaria. Supongo que por eso recurren tanto al cómic y a las series del pasado.

Es el caso de MacGyver, ídolo de la infancia ochentera (Trapa llevaba una coletilla como la suya, me acuerdo yo de aquello XD) y personaje por el que decidí que convertirme en físico nuclear y conseguir una navaja suiza debían ser los objetivos principales de mi vida. Pues eso, que MacGyver va a convertirse en personaje de la gran pantalla. Lo publica 20 Minutos, ese diario de referencia en el que puedes obtener de todo, incluido sexo duro animal.

Esta mañana, leyendo la noticia, recordé unas imágenes que me pasó no sé quién hace un año y que corresponden a uno de los míticos episodios de MacGyver. Narran con maestría hollywoodiense lo que es el llamado "problema vasco". Helo aquí.



Mi parte favorita es la del principio, cuando dice aquello de que los vascos "de vez en cuando secuestran a un americano y entonces recibo una llamada". También resulta bastante cómico que los vascos parezcan una guerrilla centroamericana, lo que supongo tiene que ver con que para muchos yanquis España esté cerca de México. ¿Y Francia? Supongo que creerán que es una potencia situada al sur de Canadá... (sí, al sur, eh ahí la gracia XD).

Etiquetas:

lunes 5 de mayo de 2008

A La Sexta

Me mudo.

Vamos que me mudo de trabajo. Que he tenido una coña tremenda y cuento con un amigo excepcional llamado Arturo Paniagua y me voy a la web de La Sexta.

Dejo El Plural, lo cual es una lástima porque allí he conocido a alguna gente maravillosa (poca, porque somos cuatro gatos y me sobra alguno). Pero en La Sexta se ofrecen posibilidades muy chulas, sobre todo teniendo en cuenta que voy a la parte de Internet con Mr. Blogazo.

Y es que creo que sí, que va a pasar. O que está pasando. Que nuestro oficio se está trasladando a la Red y que, de aquí a unos años, vamos a mover casi toda la información periodística a través de Internet independientemente de que continuemos utilizando el resto de formatos. Y el periodismo, por muy de “sinvergüenzas” que éste sea, siempre va en cabeza a la hora de aprovechar las nuevas tecnologías para contar la noticia en cuanto ésta ocurre. ¿Qué mejor que Internet para lograrlo? ¿Qué mejor para ofrecerla por escrito, mediante audios, imágenes fotográficas y vídeos?

Creo, aunque esto igual es una fe sin fundamento, que algún día los periodistas web se convertirán en corresponsales web. Y creo que el número de medios digitales crecerá en importancia y poder. Y por eso me alegra continuar trabajando a través de la Red. Por eso y porque el cambio es a mejor en lo que a condiciones laborales se refiere.

Estoy contento, a qué negarlo. Y deseando que pasen los primeros días de tensión en el nuevo trabajo, al que me incorporo el próximo 19 de mayo. Digo tensión porque siempre que se llega a un sitio nuevo se va con cierta tensión, en estado de alerta, con expectativas y sueños en la bolsa de viaje. Desconociendo a quién nos vamos a encontrar, en qué situaciones, con qué amigos inseparables (Arturo aparte, jeje) y con qué problemas, obstáculos, beneficios, victorias y derrotas. Y precisamente por eso cada nuevo trabajo, cada nueva etapa de la vida, es como una especie de aventura en diminuto que te mantiene despierto y vivo como cuando persigues a una chica guapa (independientemente del resultado final del asunto).

Pues eso. Queda anunciado públicamente. Me voy a la web de La Sexta. Quizá esto es lo que Felipe, allá en la Tragsa (siempre la Tragsa…), quería decir cuando gritaba: “¡Esto no puede seguir así!¡Hay que pegar un pelotazo!”.

Ya os contaré. Pero los próximos tiempos prometen. Vaya si prometen...

Etiquetas: