Ante la vida, sereno
Qué tío más duro.
Ante la vida sereno
Ante la vida, sereno
y ante la muerte, mayor;
si me matan, bueno:
si vivo, mejor.
No soy la flor del centeno
que tiembla al viento menor.
Si me matan bueno:
si vivo, mejor.
Aquí estoy, vivo y moreno,
de mi estirpe defensor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.
Ni al relámpago ni al trueno
puedo tenerles temor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.
Traidores me echan veneno
y yo les echo valor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor.
El corazón traigo lleno
de un alegre resplandor.
Si me matan, bueno:
si vivo, mejor
Más que nada porque me parece la releche. Un fulano de un pueblo que empieza a escribir y que, fiel a su credo, lucha como los buenos en una guerra en la que había que hacerlo. Un tipo que es fiel a sus ideas, fiel a sus versos, hasta el final. Que no vuelve a una España que le dice "qué bueno lo tuyo"(algo que sí hizo ese Alberti repolludo que se limitó durante la contienda a declamar versitos de chichinabo calzado con botas altas frente a milicianos en alpargatas) . Hernández no vuelve porque nunca pudo irse y sobre todo porque fue leal a lo que escribía, y porque tanto en la vida como en la muerte Miguel Hernández tiene los huevos cuadraos, el verso sencillo y desgarrador, y la integridad superlativa que sólo pueden tener aquellos que viven creyéndose cada maldito segundo.
Y que saben, frente a todos los albertis de este mundo, que ser, digan lo que digan los griegos, no es igual que parecer. Para ser hay que creer, pelear y cumplir con las reglas que cada cual se autoimpone.
Hecho en falta más homenajes a Hernández. Y me sobran culturetas en una España que sólo tiene ojos para los intelectualoides de salón.
Etiquetas: Poesía





